sábado, 26 de septiembre de 2009

TORMENTAS



Esta vez los dioses están furiosos, los engañé por cientos de años, ahora ellos me han dado un gran castigo; mi ciudad se ha vuelto desastrosa, el cielo giró de manera brusca, cambió los colores que le daban vida a los grises de las lluvias, olvidando los lugares fértiles, bañando el asfalto de las calles donde no brota  la naturaleza. Quise decirles lo siento pero ni siquiera me miraron, mi cielo, este cielo parece un mar de inmensa furia, no hay olas pero si nubes poderosas de encanto tormentoso cruzando como un carro de fuego pegando en nuestros techos tratando de limpiar las culpas pero nadie nos escucha, los viejos ritos olvidados no han servido para desasir esta incontrolable energía.
Sólo queda esperar un día radiante para levantarnos y comenzar de nuevo buscando de nuevo su gracia, su luz, su perdón.